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sábado, 1 de octubre de 2011

El primer millonario de Sudcalifornia


El primer millonario de Sudcalifornia

Por: Leonardo Reyes Silva

Eran los tiempos de la colonización jesuita y las fundaciones de las misiones religiosas a todo lo largo de la península conocida como California. En Loreto, lugar donde se estableció la primera misión y el presidio, el padre Juan María de Salvatierra y después los padres Jaime Bravo, Juan de Ugarte y Clemente Guillén, fueron los organizadores de los centros religiosos algunos tan importantes como San Francisco Javier, Santa Rosalía de Mulegé y San José de Comondú.

Fue también la época, unos ciento cincuenta años atrás, en que navegantes y buscadores de fortuna recorrieron las costas californianas en busca de perlas y yacimientos minerales. Desde Hernán Cortés en 1535 hasta Isidro de Atondo y Antillón en 1683, las ostras perleras constituyeron el principal objetivo de sus expediciones.

Con el paso del tiempo la explotación de este molusco se fue reduciendo y más aún porque los misioneros prohibían la pesca y comercialización de las perlas. Pero a pesar de esto, la ambición de riquezas superó dificultades y anatemas. Y ese fue el caso de Manuel de Ocio, a quien el historiador norteamericano  Harrý Crosby lo llamó “el primer millonario de California”.

Manuel de Ocio, en los años de 1730 a 1740, fue un soldado del presidio de Loreto y estaba bajo las órdenes del comandante Esteban Rodríguez Lorenzo quien, por cierto, se convirtió en su suegro ya que se casó con su hija Rosalía. En esos años estuvo comisionado en varias misiones, entre ellas la de Todos Santos. Aquí tuvo lugar un grave percance debido a la insurrección de los indígenas en el sur de la península, en 1734.

Cuando llegó le llegó la noticia al padre Sigismundo Taraval de la muerte de los padres Lorenzo Carranco y  Nicolás Tamaral de las misiones de Santiago y San  José del Cabo, se negó de pronto a abandonar Todos Santos, a pesar del grave peligro que corría. Y fue entonces cuando Manuel de Ocio y otros dos soldados lo obligaron a huir para salvar su vida.

En 1740, Ocio se encontraba destacamentado en la misión de San Ignacio, apoyando las actividades religiosas del padre Fernando Consag quien fue el que inició la construcción de la iglesia utilizando piedra cantera de la región. Y así hubiera transcurrido su vida, si no es que un suceso fortuito le cambió su suerte.

Resulta que a resultas de un mal tiempo, el mar arrojó en las costas cercanas a la misión una gran cantidad de ostras perleras, mismas que fueron encontradas por los indígenas que merodeaban esas playas. Y como sabían que las perlas eran muy apreciadas por los españoles, llevaron una buena cantidad a los soldados quienes las adquirieron a cambio de baratijas y prendas de vestir. Ocio, con gran visión dedujo que en esos litorales  deberían existir ricos bancos perleros y sin pérdida de tiempo regresó a Loreto donde solicitó su baja de la milicia, para dirigirse a la contracosta—Matanchel—con el fin de proveerse de canoas y mercancías.

Ya de vuelta a la zona de pesca, Ocio comenzó la explotación y el producto le permitió en los años siguientes recaudar hasta once arrobas de hermosas perlas, lo que le permitió excelentes ganancias. Sin embargo, la competencia en la explotación de los placeres y e hecho de que solamente en los meses de verano y otoño se podía bucear en los yacimientos, obligó a Manuel de Ocio a buscar otras alternativas de trabajo.
En 1748, acompañado de vaqueros, soldados jubilados y de indígenas de sonora, Ocio fundó el Real de Santa Ana en el sur de la península. Ahí se dedicó a la extracción y beneficio de la plata. Años después se fundaron también los pueblos mineros de El Triunfo y San Antonio. Dice un descendiente de la rama de los Mendoza que el Real llegó a tener 22 familias trabajando para Ocio y que los operarios de las minas eran cerca de 200 obreros.

De esta forma, Ocio combinó la pesca de las conchas perleras con la explotación de la plata y en menos proporción el oro. Según un reporte a la Caja Real de Guadalajara, Ocio declaró que hasta el año de 1768 se habían logrado obtener 24 mil 642 marcos de plata. Después de ese año, justo cuando los jesuitas fueron expulsados de la península, tres de las minas de Ocio y la hacienda de beneficio del Real de Santa Ana fueron adquiridas por el gobierno virreinal Así terminaron las actividades mineras de este exsoldado del presidio de Loreto.

Dicen las crónicas que Ocio murió asesinado en el pueblo minero que fundó. De su familia, doña Rosalía y sus hijos Antonio y Mariano, se sabe que se fueron a radicar a la ciudad de Guadalajara. Una parte de sus descendientes emigraron a la región norte de la península, como la señora Marina Ocio que vivía en el rancho “Guadalupe de los Ocios” cerca de San Vicente, y la cual afirmaba que era nieta directa de don Manuel.
  
Manuel de Ocio se hizo millonario con las perlas y la plata. Pero a juicio de muchos historiadores, el mayor mérito que no llevó el signo de pesos, fue el haber establecido el primer núcleo poblacional que no estaba bajo la jurisdicción de los jesuitas. El Real de Santa Ana fue por eso el punto de partida para que , con el tiempo, la mayoría de los pueblos misionales dejaran de depender de las autoridades religiosas y se convirtieran en comunidades donde las tierras eran propiedad de sus habitantes.

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