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sábado, 16 de marzo de 2013

Hardy y el río Colorado


Por Leonardo Reyes Silva

En el año de 1826 el teniente Hardy de la real armada inglesa, recorrió la parte norte de la península de la Baja California en viaje de exploración, con el permiso del gobierno de México para buscar bancos de perlas y minerales. En el libro que escribió al que tituló “Viajes por el interior de México en 1825,1826, 1827 y 1828”, describe las peripecias que sufrió cuando su barco “El Bruja” se internó por la desembocadura del río Colorado y los peligros que corrió ante la amenaza de los indios de esa región.

Aunque ya muchos años antes otros expedicionarios habían recorrido parte del río, como Francisco de Ulloa en 1539 quien llegó al estuario y le puso por nombre "Ancón de San Andrés y Mar Bermeja” por el color de sus aguas; y también llegó en 1540 Fernando de Alarcón que llegó hasta la confluencia del río Gila. Asimismo arribó por tierra a esa región del Colorado el padre jesuita Francisco Eusebio Kino en 1701 y por último el misionero Fernando Consag, en 1746, que llegó en un bote de vela cerca del estuario.

A Hardy le fue mal desde el principio. Cuando intentaba remontar el río se rompió el timón y la nave estuvo a punto de encallar. A duras penas, lograron retirarla del peligro y anclarla a unos metros de la orilla. Con ayuda de los buzos rescataron las partes del timón y lograron reconstruirlo para colocarlo de nueva cuenta en su lugar.

Pero el peligro estuvo con las amenazas de los indígenas los que, a pesar que demostraban amistad, no podían ocultar sus intenciones de apoderarse del barco. Hubo ocasión en que tuvieron que amedrentarlos con los mosquetes y apuntarlos con los cañones para apaciguarlos. Al fin pudieron levar anclas y alejarse de la orilla fuera del alcance de los indios.

En la descripción de sus formas de vida, Hardy dice que “estos indios que se llaman Axua, son muy numerosos y definitivamente los seres más asquerosos que haya conocido. Se adornan el pelo con barro en vez de hacerlo con flores: también les encanta emplearlo para pintarse el cuerpo. Es cosa común verlos, en días de calor, revolcándose en el lodo como cerdos... quizá solamente lo hagan para refrescarse…”.

Sobre esta costumbre, Hardy relata una anécdota de su estancia en la Villa del Fuerte, Sinaloa. Dice que un día una señora muy gorda, agobiada por el intenso calor y a pesar de tener abierta las ventanas y puertas para refrescar la casa, no halló otra solución que abrir un hoyo en uno de los cuartos —tenía piso de tierra—, lo llenó de agua y después de revolver el líquido para hacer un lodo espeso, se desnudó y se metió en el agujero. Como sintió la frescura se acostó en el lodo y embadurnó todo su cuerpo, hasta la cabeza.

Cuando llegó su esposo a comer, al verla creyó que era un monstruo que había salido de las entrañas de la tierra y por poco le da un soponcio, si no es que la mujer lo trató de calmar diciéndole que era ella. Días después el marido que era un funcionario del ayuntamiento, soltaba una carcajada cuando recordaba la puntada de su mujer. Cuenta el señor que la original bañera todavía la conservan y de vez en cuando la utilizan. Sin querer la señora fue la inventora de las máscaras embellecedoras que hoy utilizan muchas mujeres en los salones de belleza y las que, a lo mejor, tienen como ingrediente el menospreciado lodo.

Por supuesto que los Axua le daban otro uso al lodo. Ellos se lo embijaban en el cabello y en todo el cuerpo para protegerse de los moscos, jejenes y otros insectos. Y como además los hombres se pintaban la cara con pigmentos blancos y rojos el resultado no era muy atractivo. Por otro lado, como era común en toda la California, andaban desnudos y sólo las mujeres usaban “taparrabos” confeccionados con tirillas de corteza de sauce.

Después se sortear varias amenazas de los indios, Hardy salió de las aguas del río Colorado luego de haber permanecido 26 días en esa región. Y enfiló rumbo a Guaymas, pasado por la isla Ángel de la Guarda y otras islas pequeñas que la rodean. Por fin, el 22 de agosto desembarcaron en el puerto de Guaymas dando por terminada su expedición por las costas de Baja California.
Desde luego, Robert William Hale Hardy fue unos de tantos navegantes que aportaron información valiosa sobre las características geográficas de la península. Además, en sus recorridos describieron aspectos etnológicos que fueron de gran ayuda para conocer las formas primitivas de vida de los habitantes de esa región desconocida de nuestro país en esos años.

Muchas décadas después esa región del río Colorado fue explorada y hubo asentamientos humanos en sus riberas, como el pueblo de Yuma por el lado de los Estados Unidos. Cuando se establecieron algunas rutas marítimas navegaron por el río dos pequeñas embarcaciones llamadas La Paz y la Río Colorado. Los capitanes de esas embarcaciones fueron Leopoldo Angulo, José Jacinto y Alejandro Abaroa. 

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