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domingo, 14 de abril de 2013

Federico Cota el contrarrevolucionario



Por Leonardo Reyes Silva

Cuando Félix Ortega tomó las armas para oponerse al usurpador Victoriano Huerta en 1913, sabía a que enemigo se iba a enfrentar, pues ya conocía el carácter decidido y tenaz del jefe político del Distrito Sur de la Baja California, el doctor Federico Cota.

Cota había tomado posesión de la jefatura unos días después del asesinato del presidente Madero —22 de febrero de 1913— y estaba identificado con el grupo porfirista. Antes había estado al frente del ayuntamiento de San Antonio. Así es que ya conocía los vericuetos de la política local. Estaba relacionado con los funcionarios que gobernaron la entidad durante todo el periodo de la dictadura de Porfirio Díaz como el general Agustín Sanginés, Gastón Vives, Teófilo Uzcárraga, Agustín Arriola, Francisco J. Cabezud, Filemón C. Piñeda y Félix Moreno.

Durante su mandato le tocó enfrentarse a los reclamos de una parte del pueblo indignado por el asesinato de Madero. Reclamos que eran canalizados a través del Club Democrático Californiano que dirigía Félix Ortega y del ayuntamiento de La Paz afín a los principios de esa agrupación. Y en el mes de junio de 1913 tuvo que tomar medidas enérgicas para sofocar la rebelión iniciada por un grupo de revolucionarios que expidieron el Plan de las Playitas de la Concepción, a cuyo frente esta el mismo Félix Ortega Aguilar.

Después de la muerte de Madero, a los integrantes del Club no les fue nada bien. El jefe político los acosó constantemente por manifestaciones en contra de su gobierno y por el temor de un levantamiento que pusiera en entredicho su autoridad. Con justificada razón Cota se quejaba ante el secretario de gobernación de que en el periódico “El eco de California” se criticaba negativamente a su gobierno y que personas del Comité Democrático viajaban a los pueblos del norte de la entidad para invitarlos a la rebelión.

Como tenía al ayuntamiento de La Paz en su contra, no halló mejor solución que rechazarle el presupuesto de egresos del 2013 y quitarle el mando de la policía. Acusado de promover un levantamiento armado mandó encarcelar al tesorero y dio de baja algunos empleados de su gobierno porque eran simpatizantes del ayuntamiento paceño. Estas y otras disposiciones hostiles, en vez de remediar las cosas, ayudaron más bien a crear un clima de inestabilidad política dando pie para que andando el tiempo se organizara la Junta Revolucionaria de la Baja California en la que Félix Ortega y Simón E. Cota eran sus dirigentes.

Esa junta revolucionaria se organizó en efecto, con la intención de sublevarse para derrocar al gobierno y lograr que de nueva cuenta el Territorio volviera por los cauces de la democracia, Así, el 20 de junio de 1913, Ortega y un grupo de partidarios proclamó el Plan de las Playitas convocando a los californianos a unirse a la lucha para restaurar el orden constitucional roto por la traición de Victoriano Huerta.

Pero no fue sino hasta el 27 de julio cuando Ortega al frente de un puñado de partidarios inició la insurrección armada atacando los poblados del Triunfo y San Antonio. Por su parte, el jefe político enterado del movimiento, lo primero que hizo fue detener a los simpatizantes del movimiento y enviar algunos al puerto de Guaymas, entre ellos a Eduardo R. Encinas, José Ramírez, Fernando Erquiaga y Antonio V. Navarro. A otros como Fernando Moreno, Ignacio L. Cornejo, Alejandro Abaroa y Adolfo Labastida los mandó aprehender, nomás que estos viéndole la cola al zorro tuvieron tiempo de esconderse.

Federico Cota estaba informado de los encuentros que habían tenido los revolucionarios con las tropas federales y el rumbo que los orteguistas seguirían para llegar a San José del Cabo. Auxiliado por fuerzas que llegaron de Mazatlán y con las propias comandadas por el militar Hernández y el cabo Leocadio Fierro, atacaron a los insurrectos en el rancho de La Trinidad los que, pese a su valerosa defensa, fueron derrotados.

Derrotados pero no vencidos, los orteguistas continuaron en la lucha obteniendo victorias sobre las fuerzas federales. Pero tenían como enemigo encarnizado al jefe político que no descansaba en su afán de acabar con la sublevación. Afortunadamente, el 25 de octubre de ese año de 1913, Cota cesó en sus funciones y en su lugar el gobierno huertista mandó al teniente coronel Gregorio Osuna, un militar procedente del interior de la república e ignorante por tanto de la situación que imperaba en la entidad.

Para los revolucionarios la llegada del nuevo jefe político fue una esperanza para lograr la paz dado que, al contrario de Federico Cota, no venía con ánimo de rencores, odios o deseos de venganza. Y así fue en efecto, con el tiempo y ante la imposibilidad de acabar con la insurrección, Osuna prefirió sumarse a las fuerzas constitucionalistas y fue por eso que renunció a la jefatura política para ponerse a las órdenes del general Obregón.

Federico Cota, el hombre que mantuvo una lucha sin tregua contra las fuerzas de Félix Ortega no se ensañó con sus adversarios. Prefirió encarcelarlos o mandarlos fuera de la entidad antes que mancharse las manos. Su responsabilidad como jefe político la cumplió a cabalidad. No podía ser de otra manera ya que sus principios partidarios así se lo exigían. Libre de compromisos y con el deber cumplido, cambió su residencia a la ciudad de Mexicali donde murió.

2 comentarios:

  1. COMO UEDO OBTENER MAS INFORAMCION SOBRE EL DOCTOR FEDERICO COTA

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  2. Buenas tardes, Yolanda.
    Deje le pregunto al profesor Leonardo Reyes Silva si el puede darle más información. Si gusta mandarme su correo electrónico para, por este medio, ponerla en contacto con el profesor. Mi correo es cejagarcia20@gmail.com.
    Saludos.

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